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30 de enero de 2013

Relato: "A la orilla" - Parte 2 de 2

Se paró y se acercó más a la orilla, se descalzó y retomó la caminata. Lo había perdido todo, y no se lo podía perdonar. Cómo lo complejo de lo absurdo lo había hecho fallar. A medida que se acercaba más al mar, sentía la arena en sus pies más y más fría, y se preguntaba acaso si ese frío sería el frío de la soledad al cuál no estaba acostumbrado.

El agua helada le mojó los pies y la escena pareció convertirse en una escena polar, en pleno verano. Recordando una vez más esas desgarradoras palabras, se quebró frente a la inmensidad que le ofrecía el paisaje. El sentir que todo se acabó, y que debía seguir adelante. 

La escena fue congelándose casi tan rápido como sus pies, el sonido fue apagándose medida iba cerrando los ojos. Y fue ahí, justo en ese instante en el que todo pareció congelarse, cuando una mano caliente agarro la suya al mismo tiempo que un beso en la mejilla lo hizo suspirar.

Relato: "A la orilla" - Parte 1 de 2

 Caminaba por la orilla del mar, mientras el viento húmedo jugueteaba con su cabello rebelde. La paz total, junto con el ruido de las olas lo tranquilizaban. Mirar hacia un horizonte que, aunque indivisible por la densa oscuridad, parecía no terminar. Allí hasta dónde la vista llegaba y lo demás sólo se podía imaginar.

El mar estaba tranquilo, y él anhelaba que aquella tranquilidad pudiera apoderarse de su cuerpo. La luna imponente, brillante, y su reflejo que parecía jugar con las aguas. Sería cuestión de respirar hondo y dejar de pensar. Aunque le fue imposible, ya que las imágenes se armaban en su mente y se desvanecían tan rápido cómo las olas que llegaba a divisar, aunque no muy grandes, alcanzaban para hacerle recordar lo que sucedido, y cómo ese adiós le rompió el alma.

De repente, una lágrima surcó su rostro y no pudo contenerse más. Estalló en llanto, un llanto tan angustiante como íntimo, en medio de tanta soledad. Dejó fluir las lágrimas sin más, mientras se escuchaba el ruido de una gaviota al pasar, y una sombra que no pudo divisar.

Leer la parte 2

17 de diciembre de 2011

Segunda oportunidad

Pensar que me cambiaste la vida, Luciano. Si no fuera por vos no estaría acá, y hoy es por una causa doble. Hace 17 años, cuando te tuve en mis brazos, vi en tus ojos la inocencia de todo bebé y me llenó el alma. Recuerdo que fueron un par de horas que te tuve, pero para mi fueron claves. Cambié. Me hizo darme cuenta muchas cosas. Tal vez será por que nunca había tenido hijos que no lo pude ver. Siempre odié los niños. Fumé durante 23 años. Siempre fui descortés, me creí el dueño de la razón. Era prepotente. Insultaba. Maltraté a mucha gente de mi entorno familiar. Incluso no había podido formar una pareja. Me fui quedando solo. Hasta que apareciste. Una noche te encontré, algún alma desesperada te había abandonado vaya a saber en qué circunstancias. Pedí tu tenencia, hasta que pudieran encontrar una familia para vos. Tal vez me equivoqué en no haber pedido la tenencia total, pero tenía miedo, estaba solo y no quería arrastrarte a mi miserable vida. Al mes una familia quiso adoptarte, yo había aprendido algo de la "paternidad". Cambié. Desde que te tuve en brazos dejé de fumar. Dejé de ser descortés. Dejé de insultar a todos. Empecé a hablar con mis familiares de nuevo, incluso me casé y tuve una hija llamada Ariana, de 14 años. De verdad me entristece por ella y por mi esposa saber que me quedan muy pocas horas de vida. Vaya a saber vos en qué estado estabas cuando pasó lo que pasó. Vaya a saber que circunstancias te llevaron a dispararme para robarme algunos pesos, pero cuando vi tu cara no pude reaccionar. Sos como mi hijo. Y quiero darte las gracias, a vos que con tu magia me diste una segunda oportunidad y me hiciste vivir los mejores 17 años de mi vida, ya que de no haber sido por vos, seguramente habría muerto de alguna enfermedad respiratoria con todo lo que fumaba. Gracias porque, sin saberlo, fuiste el que hizo posible este cambio. Quien sabe por qué la vida nos volvió a cruzar de una manera tan trágica. Me hubiera gustado por lo menos haber podido darte un abrazo. Sé que estás detenido y espero que esta carta te llegue, ya que me quedan muy pocas fuerzas y decidí poder usarlas en esto. Gracias de nuevo. Y tal vez esto te sirva para saber que se puede vivir mejor, se puede elegir una mejor vida, se puede cambiar. Hace 17 años yo dejé una droga por vos, esta vez me toca a mi ayudarte a que la dejes. Te quiero hijo.
Cristian
La carta fue entregada a Luciano. Cristian falleció a las 8 horas de haber dado el testimonio a un periodista, por un paro cardíaco. Luciano fue internado en una clínica de rehabilitación, en la cual se recuperó y pudo unirse a una asociación en contra de las drogas y el tabaquismo para ayudar a otros a dejar esta adicción. Hoy con 42 años se puede decir que aprendió la lección, y que Cristian estaría orgulloso de él, o tal vez lo esté, en algún lugar.

12 de diciembre de 2011

Un verano inconcluso

Hola Caro, no sé si te acordarás de mi o no, tal vez si. Solo te escribo para comentarte que no me olvido lo que vivimos juntas 7 años atrás. En aquel verano, cuando disfrutabamos de nuestras vacaciones con nuevas experiencias. Esa noche que nos besamos y todo comenzó. Esas noches, cada una única, que recuerdo como si las estuviera viviendo ahora mismo. Te escribo para decirte que nunca sentí algo tan fuerte como lo que sentí ese verano. Lo prohibido, inimaginado, se convirtió de a poco en algo cotidiano. Todavía recuerdo tu perfume, impregnado en mi piel, que cada mañana me hacía recordarte cuando no estabas y te ibas a no se donde. Fue tal vez esa mañana que, en un acto de locura, te seguí y te vi. Te vi con un hombre.

Fue esa mañana cuando comprendí que yo solo estaba desviándote de una realidad que no era la tuya, que pensaba egoistamente. Por eso desaparecí. Por eso cuando volviste a casa no había nada de mi. Te cuento que me fui a vivir al interior, hasta que pude mudarme al exterior. Hace 6 años que vivo acá, en España. Me enteré que te casaste, y tuviste familia allá en Buenos Aires, y eso me pone muy contenta porque se que mi decisión fue certera, y que pudiste ser feliz. Me encargué de pedir que esta carta llegue a tus manos y solo a tus manos, porque al igual que vos, no me interesa que nadie más sepa de ese verano tan especial que vivimos, así como tampoco quiero que esto afecte a tu familia que con esfuerzo lograste armar.

Tal vez me odiás, o tal vez ya te olvidaste, pero creo que las respuestas siempre llegan, y acá está la mia. Quiero que sepas que yo nunca me olvidé de vos, y que estaba esperando que llegue el momento para poder darte las explicaciones que merecías. He aquí el eslabón perdido de un verano inconcluso. Espero que algún día puedas comprenderme. Te deseo lo mejor con tu vida, como siempre. Besos.
Lucia

6 de abril de 2011

Relato: Mensajes - Parte II

“Te espero en media hora en el lugar de siempre”, decía el sms. Ya no tenía escapatoria. Seguía cegada. Impulsivamente se puso una campera y salió. El viento era más fuerte todavía. Algunas gotas frías empezaban a caer. Fue corriendo hacia la parada de colectivo donde lo había conocido.
Corrió por todos lados, estaba feliz, eufórica y confundida. En una hora su vida cambió 180 grados. Corrió y corrió. Incluso en un momento se resbaló y cayó, no le importó nada y siguió. Ella lo amaba, era lo único que le importaba. Dejaba atrás todo, sus sueños, su novio, su nueva vida que logró construir. Dejó todo atrás. Ya en la parada esperó. Cinco minutos, diez, veinte. Nadie venía. La lluvia caía fuerte. Una hora. Con lágrimas en los ojos, volvió a su casa. La había vuelto a defraudar.

5 de abril de 2011

Relato: Mensajes - Parte I

Era de noche, el viento soplaba fuerte. Estaba tranquila. Pero esa tranquilidad se vió afectada rotundamente. El celular sonó, ella leyó: “Perdoname por todo, hace un año que no dejo de pensar en vos ni un solo día”. Atónita, caminó hacia atrás y se dejó caer en el sillón. Ese mensaje había desestabilizado todo. La torre que había logrado construir se le tambaleó ante sus ojos. No sabía qué hacer.
El impulso la llevó a responder: “Yo tampoco pude olvidarme de vos”. Él había sido el gran amor de su vida, ella lo sintió así. Sin embargo, la decepcionó mucho. Hace un año atrás, lo había sorprendido con otra mujer, una pareja clandestina que sostenía en paralelo. Pero no, ella estaba cegada. Mandó el mensaje mientras daba vueltas por la casa. “¿Qué hice?” se preguntaba en vano. El viento seguía soplando fuerte. El celular sonó…

7 de febrero de 2011

Relato: Una gran consecuencia

Había logrado su propósito, hacerle pensar lo que ella quería. Logró separarlos y, aprovechando el momento, acercarse a él. Estaba débil, vulnerable por la reciente pelea. Ella lo consoló, le dio a entender que el mundo no se acababa, que había mucho por delante, y este era solo un mal momento, que lo iba a superar.

Él estaba destrozado, no lo veía de esa manera, no era solo un mal momento. Al verlo así, ella se conmovió, arrepentida de su error. Pero no podía hacer nada, o mejor dicho no quería, su ambición fue más fuerte.
Matias Gonzalo

30 de enero de 2011

Relato: Difícil decisión

La lluvia solo empeoraba el cuadro, todo el valor que había adquirido se lo llevó el viento. Lo poco que había logrado armar se desplomó sobre sus ojos. La persona que más amaba sería aquella a la cual también odiaría. Su reacción fue lenta. Caminó bajo esas gotas heladas, con una mezcla de dolor y angustia.

Todo había perdido sentido, ya nada le importaba. Corrió y corrió hacia quien sabe dónde, intentando en vano borrar esa imagen de su mente. Su obsesión lo cegó dejándolo desprotegido ante todo. Sin pensar, sin razonar, siguió hacia lo que sería su destino. Abrió la puerta, subió a la terraza; el viento seguía siendo fuerte, solo tenía dos opciones, aprender a superar el dolor y vivir con él, o terminar con todo. Sin dudar, se acercó al borde de esa terraza; miró hacia abajo y con un leve movimiento, en segundos, su opción se volvió tragedia.
Matias Gonzalo

Relato: Amor imposible

Un relato cortito de los que hago, despues subo más:
El la besó. Ella solo se dejó llevar. Todo se volvió confusión. Mil imágenes pasaron por su cabeza, se sintió culpable y lo soltó. Corrió con él detrás, intentando alcanzarla. No podría hacerle esto a su amiga, pero lo que sentía por él era aún más fuerte.

Decidió hacer lo correcto, se detuvo, lo miró a los ojos y le dijo: no me persigas más, dejame en paz, ¿no ves que no me importás?. Una lágrima se desprendió de su cara, entonces ella, dolida, dió media vuelta y se fué. No podía decirle la verdad. Tenía que aceptar la realidad, olvidarse de él sea como sea.
Matias Gonzalo