El la besó. Ella solo se dejó llevar. Todo se volvió confusión. Mil imágenes pasaron por su cabeza, se sintió culpable y lo soltó. Corrió con él detrás, intentando alcanzarla. No podría hacerle esto a su amiga, pero lo que sentía por él era aún más fuerte.
Decidió hacer lo correcto, se detuvo, lo miró a los ojos y le dijo: no me persigas más, dejame en paz, ¿no ves que no me importás?. Una lágrima se desprendió de su cara, entonces ella, dolida, dió media vuelta y se fué. No podía decirle la verdad. Tenía que aceptar la realidad, olvidarse de él sea como sea.Matias Gonzalo
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