Había logrado su propósito, hacerle pensar lo que ella quería. Logró separarlos y, aprovechando el momento, acercarse a él. Estaba débil, vulnerable por la reciente pelea. Ella lo consoló, le dio a entender que el mundo no se acababa, que había mucho por delante, y este era solo un mal momento, que lo iba a superar.
Él estaba destrozado, no lo veía de esa manera, no era solo un mal momento. Al verlo así, ella se conmovió, arrepentida de su error. Pero no podía hacer nada, o mejor dicho no quería, su ambición fue más fuerte.Matias Gonzalo
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