
A veces cuesta creer que tanta falsedad pueda caber en una persona. Débiles que se muestran fuertes, mientras son arrastrados por un sistema que destruye la razón. Ya no hay razón. Se jactan de saber todo sobre la vida. De vivir a pleno. Cuando, en realidad, son simples barriletes que vuelan atados a una farsa. No son lo que dicen ser.
Y pobre de aquel que no pueda ver las cosas que sí valen la pena. Mil advertencias no sirven. El viento sopla fuerte, y no se va a detener. Seguramente nunca lo entenderán. Seguramente nunca abran los ojos. Tal vez, sólo cuando el viento corte los hilos que los une a la sólida farsa, y se conviertan en barriletes sin rumbo, sea el momento de ver la realidad.


