La lluvia solo empeoraba el cuadro, todo el valor que había adquirido se lo llevó el viento. Lo poco que había logrado armar se desplomó sobre sus ojos. La persona que más amaba sería aquella a la cual también odiaría. Su reacción fue lenta. Caminó bajo esas gotas heladas, con una mezcla de dolor y angustia.
Todo había perdido sentido, ya nada le importaba. Corrió y corrió hacia quien sabe dónde, intentando en vano borrar esa imagen de su mente. Su obsesión lo cegó dejándolo desprotegido ante todo. Sin pensar, sin razonar, siguió hacia lo que sería su destino. Abrió la puerta, subió a la terraza; el viento seguía siendo fuerte, solo tenía dos opciones, aprender a superar el dolor y vivir con él, o terminar con todo. Sin dudar, se acercó al borde de esa terraza; miró hacia abajo y con un leve movimiento, en segundos, su opción se volvió tragedia.Matias Gonzalo
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