
Incluso cuando el punto final parece estar escrito, unas palabras más extienden el párrafo. La ilusión regresa, junto al miedo de que lo mismo vuelva a ocurrir. A veces nos cuesta tanto entender que ciertas cosas que no fueron, y no son, jamás serán. Nos aferramos en promesas efímeras, que nos terminan desgarrando en su desaparición.
El tiempo no se detiene, y seguimos estancados en el mismo lugar. ¿Cuántas veces debemos equivocarnos para aprender? La alegría en su cara se desvanece dando paso, una vez más, a la resignación. Ya perdí la cuenta de cuantas veces vi esta escena. Es gracioso a tal punto que es triste, cómo las cosas terminan siendo tan predecibles al dejarnos llevar por la inercia de la costumbre.


