Seguinos

  • Facebook

  • Twitter

  • Google+

Suscribite por E-mail

Ingrese su E-mail:

Blogs que recomiendo

Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión. Mostrar todas las entradas

21 de julio de 2015

Absurdo

Estoy de nuevo escuchando en silencio, espectante. Mis sentidos se enfocan en una sola dirección, mis ojos no pueden disimular el asombro que siento al escuchar esas palabras. Mi cerebro trabaja a mil, como siempre. Pienso, respiro, y espero unos segundos antes de contestar. Sé que son temas delicados, puedo ver su dolor en sus ojos; pienso cuántos en mi lugar aprovecharían el momento, y sin embargo, me quedo congelado, sin pretender siquiera sacar provecho de un suspiro. Logro conectar con sus emociones, con sus sentimientos, con su dolor. Mi empatía me permite sentir en ese mismo instante, una proyección del dolor ajeno. Todo parece más fácil cuando el dolor es ajeno. Ya no estoy en ese lugar, no estoy hablando con esa persona; soy esa persona. Me transporto al momento, al lugar, a la situación, intentando comprender cómo logró no caer en pedazos. Estaba, por elección, viviendo otra vida, aunque sea por un instante. La conexión era etérea, los sentimientos, profundos. Una escena donde lo material no existía y la escencia era visible.

Bueno, me cansé de contar las veces que viví situaciones así. Callado, escuchando, pero a la vez cómodo. Será que me es más fácil ayudar a enfrentar los problemas ajenos que los míos. El problema es que los ajenos conllevan una frustrante realidad: escapan de mi control. Veo como toda la energía que empleé en pensar, comprender y emitir una opinión, un consejo, intentando ser lo más objetivo posible, fluye por entre mis dedos como el agua. Los problemas siguen su curso, la vida también. Es estúpido pensar si estuvo bien mi cautela, si no hubiera sido más fácil simplemente aprovechar la situación. Es estúpido porque es muy fácil sacar conclusiones con el diario del lunes. Es estúpido porque no soy así.

Al final no me queda más que sonreír de lo absurdo de la situación, de lo absurdo que me sentí. Me río, con ganas. Me alivia saber que lejos estoy de aquellos sentimientos de tristeza que sentí por empatía, que lejos estoy de vivir pretendiendo que nada pasa. Entiendo que no puedo escapar de lo que es mío, y que cuando me propuse enfrentar aquello que quería cambiar, el sentimiento de placer y orgullo fue tan grande que se me infló el pecho. Así, con orgullo y una sonrisa dibujada, me senté nuevamente a escucharte, sin pretender cambiar tu realidad, sino pretendiendo aprender de ella, para no llegar nunca a ese punto de verme tan absurdo.

14 de junio de 2015

Puta

Ahí va la zorra, camina con esa ropa que le ajusta cada centímetro de su piel, dejando muy poco a la imaginación. Mirala a esa puta, se pinta y sonríe sugestivamente, y él se vuelve loco. Qué desagradable ¿por qué no se tapa? Nena, te vas a resfriar. Mirala como baila, le encanta mover su culo de acá para allá. Insisto, unos centímetros más de ropa no te van a lastimar. Mirala, que puta, cómo se viste. Esa fue violada, ¡y claro! ¡en algún momento iba a pasar! qué predecible final a tal provocación ¿Cómo podés pretender respeto? ¡primero respetate vos! Me da vergüenza, no me representa como mujer ¿Tanto le cuesta comportarse como una dama? Mirá cómo se le sienta encima, ¡pero qué puta!

Ay, está llorando, pobrecita, tiene sentimientos. Jaja, no deja de causarme gracia. Comportate nena, respetate y te van a respetar. Respetate y no vas a llorar. Eso a nosotras no nos pasa. Nosotras, las que somos decentes, no putas, sabemos que hay que hacerse desear, que hay que hacerse valer. Obvio, que el pibe venga, ¡¿cómo vas a ir vos?! eso es de lanzada, de desesperada, ¡un horror! ¿Cómo te vas a poner eso? ¡se te ve todo! nena, ¡van a pensar que sos puta!

¿Cómo que se acostó con los dos pibes la misma noche? pero esa mina tendría que haber nacido hombre, ahí si se podría coger a las que quiera. Pero no, la mina decidió ser puta. Le encanta, algún problema mental debe tener. Provoca a todos, ¿cómo se va a pintar así? es una desubicada. ¿Se mató? ¿así nomás? bue, qué exagerada, un par de lágrimas y se mató. Bueno, en definitiva, una puta menos.

Puta, por no respetarte como mujer.
Puta, por acostarte con más de uno.
Puta, por no ser como nosotras.
Puta, por pintarte los labios de rojo.
Puta, por ponerte esos tacos es una reunión informal.
Puta, por dejarte ver 2 centímetros el escote.
Puta, por no comportarte, por no seguir las reglas que toda dama debe seguir para ser respetada, para encajar.


Puta, por chuparle un huevo los mandamientos sociales, por hacer lo que siente, por ser feliz, por hacer lo que todos quisiéramos pero no hacemos porque la mirada del otro nos pesa toneladas. Puta, por salirte de los estereotipos. Puta, porque sí.

Tal vez alguna vez se te cruzó por la mente uno de estos pensamientos no tan al azar escritos. La violencia no es ejecutada sólo por los hombres. Las estructuras sociales nos alcanzan a todos, y es responsabilidad nuestra intentar despegarnos del sentido común social, para lograr formar, fundamentar y en definitiva construir un pensamiento crítico más personal que nos vuelva seres responsables de aquello que decimos, pensamos y hacemos.

8 de marzo de 2015

Día de la mujer

Debo admitir que me costó mucho encontrar una imagen que pueda representar esta publicación, no quise caer en el cliché del rosa, no quise caer en el burdo símbolo de la rosa, de la belleza, porque las mujeres son mucho más que eso. Elegí esta imagen porque el contraste generado por la silueta enfrentando al fuego me inspiró. Hace años que las mujeres pelean contra un fuego caprichoso y peligroso que es el machismo, el motor de una sociedad hipócrita. Siempre relegadas, siempre apartadas, cumpliendo funciones por y para el hombre. Aún hoy en día el nivel de machismo es alto y está aceptado, porque como todas las corrientes de pensamiento nunca se destruyen, se transforman. No, la mujer no es débil, no es un objeto que se deba cuidar con extremo cuidado, sino un ser que debe ser respetado enteramente como todo ser humano. Y así lo hacen saber miles de mujeres que día a día luchan por igualdad de condiciones, por que se reconozcan su lugar en la sociedad, que es tan fundamental como el de cualquier hombre. La lucha por la igualdad exige iguales derechos, iguales tratos, igual respeto. "No se le debe pegar a la mujer" ¡no se le debe pegar a nadie! para lograr la igualdad. El feminismo no es en contra del hombre, sino que lo invita a participar activamente para generar que esa igualdad realmente exista, porque en esta lucha la participación del hombre es fundamental. Lo único que nos "separa" es el sexo biológico, sin embargo, la sociedad se encargó de separarnos de mil maneras más con estereotipos que no hacen más que alimentar una rivalidad absurda. Las diferencias son evidentes, si, como lo son entre una persona que vive en China y otra que vive en El Caribe, o la mía con el vecino de la esquina. Porque todos somos diferentes. La igualdad es una lucha (tal vez para muchos una utopía) que no pretende hacernos iguales en el sentido literal de la palabra, sino con iguales derechos.

Hoy es un día para reflexionar, un día para preguntarse qué lugar ocupamos en la sociedad, y qué lugar queremos ocupar. Por eso hoy conmemoro a todas aquellas personas que día a día luchan por un mundo más justo, por esas mujeres que ardieron en los escombros de la fábrica hace más de un siglo y significaron un cambio radical en las leyes laborales, por esas mujeres que forjaron la historia y lo siguen haciendo. Yo, desde mi lugar de hombre, apoyo con convicción todo aquello que las haga más libres. Por eso les digo, ¡no permitan el caballerismo! es la forma justificada que encontró el hombre de que acepten su inexistente inferioridad, ¡luchen! siempre habrá quienes las apoyen en esta lucha, hombres y mujeres, pero por sobre todo, ¡sean libres! que nada ni nadie las ate a ser nada que no quieren ser, y que nadie les haga ocupar lugares que no les corresponden.

No quiero flores, no quiero piropos, no quiero privilegios.
Quiero tu respeto.

29 de junio de 2014

Frágil

Creí poder mantener los sentimientos a raya, y, sin embargo, surgieron vertiginosamente para dejar en evidencia mis carencias, aquellas que me vuelven no débil, sino frágil. Porque soy fuerte, imperturbable y firme, hasta que encuentro enfrente mi reflejo y debo, inevitablemente, verme. No es que me duela verlo, sino es que me duele que me cueste tanto lograrlo. De mi complejidad interior a veces simplemente quisiera escapar. Sin embargo, gracias a ella es que soy todo aquello que soy. Intento en vano, ahogar aquellas angustias con un vaso de alcohol que me quema por dentro, casi tanto como las ganas de decir lo que siento. Estoy en llamas cuando no me lo espero. Pareciera que intentara apagar ese fuego con las lágrimas que resbalan por mi mejilla, lágrimas llenas de dudas que intentan escapar. Lágrimas que dejan en evidencia que estoy a punto de caer, y romperme. Lágrimas que son el resultado de una guerra interna, de una dualidad entre la esencia y la herencia.

Sin embargo hasta el último instante, sigo intentando brillar. Como una copa de cristal, con su belleza y firmeza, que con un simple golpe se rompe en mil pedazos. Mi transparencia deja expuesto mi interior, y a veces eso me lastima. Mentir no está en mi naturaleza, y eso me impide incluso mentirme a mi. No puedo ocultar aquello que, inevitablemente, se ve. La sinceridad se vuelve un arma de doble filo que me permite tener la seguridad de que digo la verdad, pero también me hace hablar de más. Sin embargo lo intento y no me quedo inmóvil en una repisa viendo mi vida pasar. A pesar de mis momentos de fragilidad, mis convicciones me mantienen firme. Entonces debo avanzar, como sea, como pueda, pero avanzar. Sin importar los riesgos, tan solo avanzando lograré crecer y entender que aunque mil veces me rompa, otras mil me arreglaré.

19 de abril de 2014

Vorágine

Algo invisible se aferra a mi cuerpo y me arrastra nuevamente hacia todo aquello que me produce temor: el caos. Yo sonrío, por un lado de miedo, por otro de satifacción: si, el caos me sigue asustando, pero no de la misma manera que antes. Te digo a vos, me digo a mi: no soy el mismo. Ya no voy a quedarme a intentar solucionar esta vorágine que se empeña en aparecer, por una simple razón: no tiene solución. Es parte de mi. Es por eso que no puedo despegarme de ella, ni ella de mi. Es por eso que cada vez que creo que es cosa del pasado, se empeña a volver. Es solo una representación personal del reflejo de la vida, llena de tormentas destructivas pero necesarias. Estamos vivos.

No voy a quedarme sentado viendo mi vida pasar. No voy a esperar que la corriente me arrastre. No voy a permitir de nuevo que los miedos me encierren sin dejarme salir, incluso cuando crea que es la única manera, incluso cuando crea que ya no puedo lograrlo. Incluso cuando me deje sin reacción, jamás voy a dejar de intentarlo. Intentar ir en contra de aquello que me hace mal, y en búsqueda de aquello que me hace bien. Correr hasta alcanzarlo. Correr para vivir. Correr para soltar. Correr para ser libre.

Llega un momento en que se debe poner fin a todo, aunque esos momentos no suelen ser muy claros, porque el punto final de nuestros sentimientos lo ponen ellos.
¿Y cuándo sabré que ese punto final está escrito? Me pregunto. Cuando ya no piense en eso, me contesto.

7 de enero de 2014

Perspectiva

¿Qué pasa si un día nos damos cuenta que el laberinto en el cual estamos atrapados siempre nos mostró la salida, y no la supimos ver? ¿Qué pasa si un día dejamos de sufrir por lo que nos parece inalcanzable, y miramos el ahora? ¿Qué pasa si un día dejamos de buscar excusas para demostrar nuestra propia incapacidad, y nos valoramos? ¿Qué pasa si se cambia la perspectiva, y la ansiedad se convierte en voluntad?

Cuando la perspectiva cambia, todo cambia. Las constantes influencias sociales nos llevan a querer siempre lo que no tenemos, a no conformarnos nunca, a ver el vaso medio vacío. Necesitamos constantemente que aprueben nuestro comportamiento, nuestra belleza, nuestra personalidad. Necesitamos que nos aprueben, porque nosotros no nos aprobamos. Le damos mil vueltas al asunto: queremos ese cuerpo perfecto, esa belleza perfecta, ese amor perfecto. Queremos lo perfecto, es decir, lo imposible. Porque lo perfecto no existe sino en nuestra mente, alejada del azar y la imprevisibilidad de la realidad. 

Pero llega un momento en que no hay salida. Tanta frustración es intolerable al cuerpo. Nos oprime, nos encierra, nos paraliza. Es allí en esa punta del risco donde se debe tomar una decisión: dejarse caer en las profundidades de la depresión, impulsado por la inercia de los ideales, o entender que ese es el límite, que allí se acaba el camino y hay que regresar para aceptar que caminamos con los ojos vendados.

Así entonces, aprender a querer lo ya obtenido.
Así entonces, establecer objetivos verdaderos, para nunca dejar de crecer.

29 de noviembre de 2013

Amén

Cierra los ojos, hay cosas que no queremos que veas.
Ora en silencio, para que no puedas refutar al respecto.
Arrodillate, demuestra que sos nuestro subordinado.

La institución más oscura de la historia se alza en altas construcciones, alejadas de cualquier mortal, inmensas, abrumadoras. Imponen sus edificios, llenos de metáforas. Debajo del velo blanco de la paz y el amor, se encuentra la guerra y el odio. Las contradicciones son tan evidentes que hasta parecen una burla. Una gran burla que lleva siglos teniendo adeptos que la apoyan. Encontraron la grieta en el humano donde poder ingresar casi sin esfuerzo: su necesidad de creer. Creer en algo, que sea superior, que esté, que ayude a eliminar todas esas dudas que nos perturban, y desconocemos. Porque le tememos a lo desconocido.

Los castigos más terribles les esperan a aquellos que osen desafiar la autoridad del todopoderoso. El paraíso le es prometido a aquél que cumpla con sumisión sus mandamientos. Lo incomprobable es amigo de lo desconocido, y no hay razón que nos pueda salvar. La fe lo es todo. El miedo nos impide pensar, y otra vez estamos en el mismo punto. El progreso es enemigo, porque nada tiene que cambiar, porque si todo se mantuviera como siempre todo sería mejor. Para ellos.

En nombre de Dios, afirman que la familia como institución está siendo destruída. Sin embargo son ellos los que están siendo destruídos, ellos y su credibilidad. La familia de hoy en día no es más la que era antes porque el hoy es diferente al ayer, como el mañana será diferente al hoy. Todo cambia, todo es dinámico. El intento por mantener estático lo que es dinámico es la utopía del poder, el cual sólo acepta los cambios cuando son inevitables.

Las páginas de la historia son más oscuras incluso que las del libro que tanto adoran. Miles de inocentes son estafados por su fe, la cual te hacen creer que necesita de la institución. Pero es la institución la que necesita su fe. Para mantenerse en pie, para tener poder. Ese poder que le otorga el creyente, y cuya institución hará todo lo posible por retener.

Así es cómo los cuentos de hadas parecen gobernarnos. La historia fascinante no es la que nos cuentan, sino la que está detrás de ello. La construcción de mentiras detrás de la gran farsa. Los intereses mueven más que la fe. En el nombre del amor, se separa a todo aquel que peca por seguir su corazón. Vaya ironía. Estamos tan acostumbrados a que nos digan qué hacer que no podemos ver que nos están sometiendo.

Pero una vez que el cambio llega, llega para quedarse. Pese a las trabas, no somos estáticos, somos dinámicos. La historia ha demostrado que al final siempre gana el progreso. Será cuando el poder de la institución caiga, que el amor realmente triunfará. Porque será sincero. Porque será real.

Cuando los ojos se abran, cuando el silencio se rompa, cuando nos pongamos de pie.

Amén.


28 de octubre de 2013

Travesía

Toda travesía trae consigo cambios. Emprender un viaje muchas veces implica dejar algo atrás. Y ese algo a veces es nosotros mismos. Entender que hay etapas que se cierran, inevitablemente, y que hay que marchar. Cuando toca remover todo aquello que permaneció fijo tanto tiempo, con él se remueven memorias, sentimientos. Encontramos en el pasado refugios para la incertidumbre del futuro. Empezamos a vaciar lo que alguna vez creímos, iba a permanecer ahí por siempre. Era hora de cambiar. Y cuando empezamos a transitar el nuevo camino nos encontramos con que lo que hay en nuestras valijas no son sólo recuerdos: son experiencias, son aprendizajes. Son todo eso que nos construye y nos sostiene a la hora de caminar. Y es nuestro.

A veces el enfrentar el inmenso campo que nos ofrece la vida nos asusta. El horizonte se pierde a lo lejos, más allá, donde nada ni nadie se puede divisar. Pero es tal inmensidad la que nos permite elegir. Elegir hacia dónde ir, elegir los caminos que nos lleven a nuestros objetivos. Entender que la soledad es una ventaja, no una adversidad. Y animarse a viajar. Animarse a aceptar, animarse a crecer, animarse a caminar sin saber qué vamos a encontrar pero con el claro objetivo, de haber emprendido el viaje para encontrarse a uno mismo.

12 de octubre de 2013

Grita

Estamos en silencio, mientras algo en nuestro interior nos grita. Todo lo que nos pasa, lo que sentimos, se exterioriza de mil maneras. Las palabras siempre terminan manifestándose. Y la única forma en que podemos controlar cómo se manifiestan, es mediante el habla. Porque podemos controlar lo qué decimos, y lo que no, pero no podemos controlar lo que debe ser dicho. Todo aquello que debe salir, saldrá. Y todo lo que callamos se acumulará, poco a poco, casi sin darnos cuenta, en nuestro interior. Hasta que estemos llenos. Hasta que desbordemos. Y nuestro cuerpo grite.

Son desgarros interiores los que intentan despertar nuestra consciencia, hacernos saber que debemos hablar. Despertar del sueño en el que el silencio domina y nos impide expresarnos.  Porque todo aquello que nos hace mal, necesita salir, necesita fluir, necesita irse. Los sentimientos son esclavos de nuestro ser que sólo pueden ser liberados por medio de palabras.

Entonces entendemos que para no desbordar, necesitamos hablar.
Entonces entendemos, que cuanto más callemos, más vamos a gritar.

29 de septiembre de 2013

El reencuentro

Los encuentros son situaciones movilizantes. Ya sean espontáneos, o intencionales, cada encuentro deja en nosotros huellas, para bien, o para mal. Cada relación que entablamos con quienes nos rodean nos transforma. Y es por eso que estamos en constante cambio. Pero no siempre estos encuentros son deseables. Muchas veces evitamos, lo mejor que podemos, que un encuentro suceda. Y comúnmente lo hacemos cuando se trata de un reencuentro. Cuando se trata de enfrentar, una vez más, aquello que ya conocemos, pero esquivamos. Intentamos evitar aquello que no nos es agradable. No queremos ver.

Hay veces que para evitar este reencuentro nos llenamos de momentos superficiales. Construimos no para crecer, sino para tapar. Levantamos un muro entre nosotros y aquello que nos desagrada. Y pueden pasar días, meses, años, y creemos que lo hemos logrado. Pero algo nos falta. Después de tanto construir, de poner tanto empeño en intentar dejar afuera lo que no queremos ver, aquello que rehusamos enfrentar, nos damos cuenta que no hay muro que nos pueda alejar de la realidad. Nos damos cuenta que, aunque pongamos nuestro mayor empeño, jamás vamos a estar completos si no nos permitimos un reencuentro. Cuando estamos solos, cuando dejamos de lado la superficialidad que nos rodea, podemos iniciar el camino hacia ese objetivo. Y reencontrarnos con nosotros mismos, con esa parte nuestra, interior, profunda, desnuda, que es tan complicada como necesaria.

Solo cuando aprendemos a convivir con nuestra soledad, es cuando realmente entendemos que aquello que evitamos es lo más valioso que tenemos: nuestra esencia, nuestro ser. Solo ahí, sin depender ni nada ni nadie, podemos enfrentar la vida sin miedo, porque va a haber alguien que nunca te va a abandonar. Vos.

2 de septiembre de 2013

Tiempo

Es lo único que a pesar de todo, nunca se detiene. Es constante, frío, eterno. A veces parece pasar rápido, aveces lento. Son sólo percepciones individuales de una magnitud universal. Y son esas percepciones las que hay que escuchar. Son esos tiempos los que hay que respetar. A medida que pasa podemos ver cuánto crecimos, cómo todo cambia. A medida que pasa podemos ver cómo la vida intenta imitarlo, siguiendo adelante, abriéndose paso ante la adversidad.

Podemos detenernos, detener a otros, detener una máquina, incluso un reloj, pero no podemos detener el tiempo, porque vivimos a través de él. Y entonces entendemos que es lo más valioso que tenemos. Nuestro tiempo, aquél imperfecto que intenta copiar el ritmo del principal, pero que nunca es igual. Cada uno es individual, diferente, porque todos lo somos. Y es por eso que hay que manejarse con ese reloj propio, darse tiempo para caminar, para crecer. Entender que a pesar de todo hay que encontrar nuestro ritmo, y nunca dejar de avanzar.

31 de julio de 2013

Desencuentros (lado M)

No podía ver con nitidez. Bailaba al ritmo de esas canciones cuyas letras parecían resonar ahora más fuerte. Las luces dibujaban flashbacks en mi mente de lo acontecido. Sonreía por momentos, mientras perdía la noción del tiempo. La gente a mi al rededor me incomodaban por primera vez. No, no quería a nadie cerca. No quería vivir nada que pudiera remover aquellos recuerdos que me cuesta dejar ir.

Me había acercado a la puerta, con la esperanza de ver a Cristian, quién me acompañó tantas veces a distancia, y había escuchado con todo detalle lo sucedido días anteriores. Atendí el celular, y con gran esfuerzo intenté escuchar lo que me quería decir. Estaba del otro lado de la puerta, pero no podía entrar. No lo podía creer, después de tanto tiempo, era nuestra oportunidad de conocernos y un pedazo de chapa nos separaba porque "no había más capacidad".

Tan solo unos metros allá, él se iba, y yo me quedaba con todas mis dudas en la cabeza. Y las respuestas que parecen no querer llegar. "Qué mala suerte que tenemos" le mandé por celular. Me pidió que no me lamente, y se fue.

Había sido la segunda vez en la noche que estaba tan cerca de alguien que quería abrazar, y circunstancias distintas nos separaron.

Bueno, si hay algo que aprendí casi a los golpes esta semana es que las cosas no siempre salen como uno planea. Será entonces en otro momento.

Leé la versión de Cristian de esta historia en: Desencuentros (lado C)

24 de julio de 2013

Reconstruyéndome

Sentía que todo iba bien, sentía que estaba construyéndome, de a poco, y que lo estaba logrando. Pero me encontré de repente con lo que siempre temí, dije adiós. Me sentí solo, caí. Destrozado por un golpe que me dejó en ruinas, intento buscar en los escombros aquellas partes que alguna vez logré juntar, para construirme otra vez. Y aunque intento ponerme de pie, no puedo evitar sucumbir al ver todo aquello que alguna vez quise, destruido. Yo no elegí un final así. O tal vez si, y no lo supe ver.

Pero nada voy a lograr mirando hacia atras si no es sólo para separar y reconocer los indicios del desastre para estar preparado la próxima vez. Aún me pregunto ¿se puede estar preparado? Si, tengo miedo. Miedo a no lograr reparar los cimientos, a no tener las herramientas necesarias, a no poder reconstruirme. Pero sé que lo voy a lograr, una pequeña parte en mi que debo dejar crecer dice que no puedo caer. Debo tomar lo positivo y entender, que no hay mal que por bien no venga, que de los errores se aprende y que estoy lograndolo.

Yo sé quién soy. 
Sí, llegó la hora de seguir adelante. Llegó la hora de acomodar de nuevo todo. Llegó la hora de volver a sonreir, reconstruyéndome.

20 de junio de 2013

Camino a casa


The way home by Sleep dealer on Grooveshark

Busco placer, y encuentro disgustos. Busco sonrisas, y encuentro llantos. Busco paz, y encuentro guerras. Busco fuerza, y encuentro debilidad. Busco valor, y encuentro miedos. Busco tierra firme, y encuentro caminos sinuosos. Busco triunfar, y encuentro fracasos. Busco calor, y encuentro frío. Busco un hogar, y no lo encuentro. 

 Intento encontrar una manera de lograr encontrar todo lo que busco. Intento encontrar la manera de entender por qué lo busco. Intento encontrarme. Me siento perdido en esta noche fría. Creo conocer el camino, pero tengo miedo de no llegar. Me duelen los pies de sólo pensar, cuánto caminé y cuánto me falta por caminar. 

Muchos dicen que este es el camino correcto, pero yo dudo. Muchos dicen que no hay por qué temer, pero yo temo. Muchos dicen que hay que sonreir, pero yo lloro. Muchos dicen que no estoy sólo, pero yo no veo a nadie más aquí adentro. Lo que estoy buscando, soy yo. Lo que estoy buscando, está en mi. Estoy buscando ese camino que me lleve a casa, esa casa en la que pueda reencontrarme conmigo y poder decir: así soy feliz.

27 de marzo de 2013

Aires de otoño

Las noches frías anticipan, una vez más, la llegada del otoño. El cambio de estaciones siempre logra movilizarme. Tal vez sea este el cambio más perceptible que podemos sentir, año a año. Aunque el ciclo se repita, este otoño no es el mismo que el anterior, así como yo tampoco soy el mismo que hace un año atrás. Ese Matías quedó en el pasado, junto con muchas cosas más. Respiro aires de cambios, de incertidumbre...

Saco una campera del fondo del placard, allí donde la había dejado cuando el frío desapareció meses atrás. Me la pongo y recuerdo cada época pasada de forma tan clara como si la estuviera viviendo de nuevo. Me cuesta entender que todo pasó tan rápido. Tan sólo quedan destellos, imágenes difusas de momentos vividos. A veces me paro y miro hacia atrás, pienso en todo lo que sucedió. Sin embargo doy media vuelta y sigo caminando sin poder evitar sonreir ante la incertidumbre que me produce el futuro tan próximo.

19 de febrero de 2013

Predecible ilusión

Incluso cuando el punto final parece estar escrito, unas palabras más extienden el párrafo. La ilusión regresa, junto al miedo de que lo mismo vuelva a ocurrir. A veces nos cuesta tanto entender que ciertas cosas que no fueron, y no son, jamás serán. Nos aferramos en promesas efímeras, que nos terminan desgarrando en su desaparición.

El tiempo no se detiene, y seguimos estancados en el mismo lugar. ¿Cuántas veces debemos equivocarnos para aprender? La alegría en su cara se desvanece dando paso, una vez más, a la resignación. Ya perdí la cuenta de cuantas veces vi esta escena. Es gracioso a tal punto que es triste, cómo las cosas terminan siendo tan predecibles al dejarnos llevar por la inercia de la costumbre.

8 de enero de 2013

No temas soñar

Imaginar situaciones, recordar otras, cambiarlas, destruirlas y volverlas a empezar. Siempre es bueno soñar. Dejar que la mente recorra lo inimaginado, vuele sin límities. Porque aunque a veces nos sintamos esclavos de nuestra mente, es allí donde somos más libres que en ningún otro lado. Allí no hay leyes, porque lo que imaginamos no transpasa al mundo físico, no es real... aunque para nosotros si. De hecho, toda la vida no somos más que nosotros mismos, porque desde que nacemos hasta que morimos sólo somos una persona. Aunque, bien, quién pudiera tener certeza alguna de que existimos, y por qué.
 
Podemos hacernos miles de preguntas, pensar, imaginar y soñar sin culpa alguna. Somos una máquina llena de información, de recuerdos que podemos revivir en cualquier momento y que nadie puede arrebatarnos. Una máquina creadora de sueños, de tristezas y alegrías. Podemos decidir si gozar de una escena perfecta, o si sufrir con una escena que nos hará llorar hasta la última lágrima. Entonces, ¿por qué no?. Vale la pena mirar el techo, el cielo, una montaña o el mar y soñar despierto, ya que es un lujo tan único como propio.

6 de enero de 2013

¿Cuándo?

Desde que nací las cosas fueron cambiando, pero ahora las cosas se estancaron y me pregunto, ¿hasta cuando?. Jamás me había tocado vivir tal injusticia. La brecha entre lo justo y lo real es cada vez más grande. Si esto es un sueño, parece no acabar. Más que sueño es una pesadilla, insoportable. Porque hay dos lógicas totalmente antagónicas, dos estilos de vivir, dos matices cada vez más contrastados. Lo real y lo irreal, la luz y la oscuridad, la visión y la ceguera, lo justo y lo injusto. 

¿Cómo se puede ser tan imbécil?. No sé, no comprendo, y jamás lo haré ¿Cuándo será el día que cada uno reciba lo que merezca? ¿Cuándo será el día que se equilibren las cosas? Lo único que sé es que cada día el daño se profundiza más, y no soy yo justamente el que más lo sufrirá.  Incluso sintiéndome atrapado, ignorado, y hasta el más apartado, sé que ese lugar me da el privilegio de poder, algún día, desprenderme de todo esto. Están tirando de una soga que se está por cortar. La moneda gira en el aire y cae siempre del mismo lado. Pero algún día el azar actuará, y rotundo será cuando la moneda caiga del lado de la realidad.

25 de diciembre de 2012

Cambiar de aire

No recuerdo cuando fue la última vez que estuve en esta terraza mirando el cielo, disfrutando de la noche. Será que es difícil disfrutar tal belleza entre tanto materialismo. Las luces de ciudad quitan esa magia que el firmamento solía tener, y aún conserva detrás de la contaminación lumínica. Cuando lo artificial reemplaza lo natural, algo se pierde, pero hay ciertas cosas que aún (y por suerte) no se pueden fabricar: el amor, la amistad, los vínculos. Esas son cosas naturales que cuando se fuerzan de alguna u otra manera, desaparecen para dar lugar a una farsa.

La importancia de querer, de apreciar esos pequeños detalles que aunque a veces rutinarios, son tan necesarios. No esperar que la ausencia nos haga valorar la presencia, sino valorarla siempre, eso es cambiar de actitud, de aire. Buscar nuevas propuestas, plantearse nuevos desafíos. Escapar de la rutina, tragarse el orgullo, gritar lo que sentimos. Cambiar un hábito, una actitud, cambiar. Entender que se puede cambiar. Que incluso cuando el viento del norte te sofoca, un viento del sur puede llegar para aliviarte y cambiar el aire. Entender que, aunque cueste, aunque duela, aunque rendirse parezca el camino más fácil, siempre se puede cambiar de aire.

24 de diciembre de 2012

Palabras


Me veo envuelto en una lógica que no es la mía. Cosas que desencuadran, y en otros ámbitos serían totalmente diferentes. Pierdo el equilibrio, pierdo el criterio. Una inestabilidad me deja inseguro y me condiciona a la hora de actuar. 

Pienso pero no digo, y esas palabras calladas son las que me queman por dentro. La ira aumenta a medida que pierdo el control sobre mi mismo. Soy un tanque acumulando agua, que peligrosamente se acerca al desborde. Estigmas de palabras no dichas surgen de la nada. 

Tal vez es hora de un cambio de actitud, de pensar y decir, de sentir y transmitir, de dejar de tragarme esas palabras que quieren salir.