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30 de enero de 2013

Relato: "A la orilla" - Parte 2 de 2

Se paró y se acercó más a la orilla, se descalzó y retomó la caminata. Lo había perdido todo, y no se lo podía perdonar. Cómo lo complejo de lo absurdo lo había hecho fallar. A medida que se acercaba más al mar, sentía la arena en sus pies más y más fría, y se preguntaba acaso si ese frío sería el frío de la soledad al cuál no estaba acostumbrado.

El agua helada le mojó los pies y la escena pareció convertirse en una escena polar, en pleno verano. Recordando una vez más esas desgarradoras palabras, se quebró frente a la inmensidad que le ofrecía el paisaje. El sentir que todo se acabó, y que debía seguir adelante. 

La escena fue congelándose casi tan rápido como sus pies, el sonido fue apagándose medida iba cerrando los ojos. Y fue ahí, justo en ese instante en el que todo pareció congelarse, cuando una mano caliente agarro la suya al mismo tiempo que un beso en la mejilla lo hizo suspirar.

Relato: "A la orilla" - Parte 1 de 2

 Caminaba por la orilla del mar, mientras el viento húmedo jugueteaba con su cabello rebelde. La paz total, junto con el ruido de las olas lo tranquilizaban. Mirar hacia un horizonte que, aunque indivisible por la densa oscuridad, parecía no terminar. Allí hasta dónde la vista llegaba y lo demás sólo se podía imaginar.

El mar estaba tranquilo, y él anhelaba que aquella tranquilidad pudiera apoderarse de su cuerpo. La luna imponente, brillante, y su reflejo que parecía jugar con las aguas. Sería cuestión de respirar hondo y dejar de pensar. Aunque le fue imposible, ya que las imágenes se armaban en su mente y se desvanecían tan rápido cómo las olas que llegaba a divisar, aunque no muy grandes, alcanzaban para hacerle recordar lo que sucedido, y cómo ese adiós le rompió el alma.

De repente, una lágrima surcó su rostro y no pudo contenerse más. Estalló en llanto, un llanto tan angustiante como íntimo, en medio de tanta soledad. Dejó fluir las lágrimas sin más, mientras se escuchaba el ruido de una gaviota al pasar, y una sombra que no pudo divisar.

Leer la parte 2

8 de enero de 2013

No temas soñar

Imaginar situaciones, recordar otras, cambiarlas, destruirlas y volverlas a empezar. Siempre es bueno soñar. Dejar que la mente recorra lo inimaginado, vuele sin límities. Porque aunque a veces nos sintamos esclavos de nuestra mente, es allí donde somos más libres que en ningún otro lado. Allí no hay leyes, porque lo que imaginamos no transpasa al mundo físico, no es real... aunque para nosotros si. De hecho, toda la vida no somos más que nosotros mismos, porque desde que nacemos hasta que morimos sólo somos una persona. Aunque, bien, quién pudiera tener certeza alguna de que existimos, y por qué.
 
Podemos hacernos miles de preguntas, pensar, imaginar y soñar sin culpa alguna. Somos una máquina llena de información, de recuerdos que podemos revivir en cualquier momento y que nadie puede arrebatarnos. Una máquina creadora de sueños, de tristezas y alegrías. Podemos decidir si gozar de una escena perfecta, o si sufrir con una escena que nos hará llorar hasta la última lágrima. Entonces, ¿por qué no?. Vale la pena mirar el techo, el cielo, una montaña o el mar y soñar despierto, ya que es un lujo tan único como propio.

6 de enero de 2013

¿Cuándo?

Desde que nací las cosas fueron cambiando, pero ahora las cosas se estancaron y me pregunto, ¿hasta cuando?. Jamás me había tocado vivir tal injusticia. La brecha entre lo justo y lo real es cada vez más grande. Si esto es un sueño, parece no acabar. Más que sueño es una pesadilla, insoportable. Porque hay dos lógicas totalmente antagónicas, dos estilos de vivir, dos matices cada vez más contrastados. Lo real y lo irreal, la luz y la oscuridad, la visión y la ceguera, lo justo y lo injusto. 

¿Cómo se puede ser tan imbécil?. No sé, no comprendo, y jamás lo haré ¿Cuándo será el día que cada uno reciba lo que merezca? ¿Cuándo será el día que se equilibren las cosas? Lo único que sé es que cada día el daño se profundiza más, y no soy yo justamente el que más lo sufrirá.  Incluso sintiéndome atrapado, ignorado, y hasta el más apartado, sé que ese lugar me da el privilegio de poder, algún día, desprenderme de todo esto. Están tirando de una soga que se está por cortar. La moneda gira en el aire y cae siempre del mismo lado. Pero algún día el azar actuará, y rotundo será cuando la moneda caiga del lado de la realidad.

31 de diciembre de 2012

Mi 2012, un año de cambios

 "Empecé el 2011 diciendo que iba a ser un gran año, y lo fue. Y sé que ahora este 2012, se vienen cosas aún mejores." así terminaba mi balance del año pasado, y una vez más no me equivoqué. ¿Qué define a un año como "bueno" o "malo"? yo creo que es cuestión de actitud. Cualquier año puede ser bueno o malo dependiendo qué destacás, si destacás lo malo obviamente te va a parecer un año horrible, y si destacás lo bueno seguramente a pesar de lo malo podrás decir que fue un buen año. Si, hay años mejores que otros, pero bueno, ¡tampoco podemos vivir quejándonos!. No, no existe el señor 2012 al que muchos echan, esperando esperanzadores que el señor 2013 les traiga todo aquello que ni siquiera saben qué pero quieren. El cambio empieza cuando uno lo decide, no cuando cambia un número en el calendario.

Increíble lo rápido que pasa el tiempo, hace 2 años abría este blog con un propósito y hoy en día lo mantengo: escribir, expresarme y buscar en el que lee lograr una identificación con lo que escribo. Creo que hay grandes cambios desde la primer entrada hasta la última, porque yo crecí, cambié. Y así mi 2012 fue un año lleno de cambios, de etapas que se cerraron y otras nuevas que se abrieron. Viví un año de revelaciones, donde me enfrenté a mi familia y dije quién soy. Un año de contradicciones, donde empecé pensando que las cosas eran de una manera, y con el tiempo me di cuenta que eran de otra. Me equivoqué y mucho, y por eso aprendí. Aprendí a creer en la magia, aprendí que estamos rodeados de ignorantes que muchas veces son barriletes, aprendí a decir las cosas antes de que sea tarde, aprendí a resistir. Viví un verano diferente, con amores y odios. Disfruté de la ironía, disfruté de soñar (aunque a veces no tanto), disfruté escribiendo historias de errores, de pérdidas, de finales, de soledad, de impotencia. Este año tal vez escriba alguna ficción un poco más feliz (jaja).

Pero por sobre todo, fue un año de reflexiones. Donde me alejé de la ficción para ver la terrible realidad, que nos dividide. Perdí mi inocencia para darme cuenta que la gente es capaz de cualquier cosa por pertenecer, que no quieren ver la realidad. Que la vida es un viaje, en el que hay que aprender a aceptar, que hay que disfrutar las pequeñas cosas, que no hay lluvia que no se detenga, que no hay herida que no pueda sanar, que siempre se puede cambiar. Que a pesar de estar defasados, te necesito una vez más.

En definitiva, fue un increíble año, lleno de cosas buenas y malas, pero en especial lleno de aprendizajes. Arranco este 2013 con más espectativas, proyectos, sueños y objetivos. Un 2013 en el que me propongo aprender a decir más. Un 2013 en el que me propongo vivir, disfrutar y sobre todo, ser feliz. 

Gracias a todos los que leen este blog, los que me bancan, y los que siempre están ahi dándome sus palabras de aliento. Espero que este año sea un año de muchas más reflexiones, aprendizajes e historias. Que tengan todos un excelente año nuevo, ¡Feliz 2013!.

25 de diciembre de 2012

Cambiar de aire

No recuerdo cuando fue la última vez que estuve en esta terraza mirando el cielo, disfrutando de la noche. Será que es difícil disfrutar tal belleza entre tanto materialismo. Las luces de ciudad quitan esa magia que el firmamento solía tener, y aún conserva detrás de la contaminación lumínica. Cuando lo artificial reemplaza lo natural, algo se pierde, pero hay ciertas cosas que aún (y por suerte) no se pueden fabricar: el amor, la amistad, los vínculos. Esas son cosas naturales que cuando se fuerzan de alguna u otra manera, desaparecen para dar lugar a una farsa.

La importancia de querer, de apreciar esos pequeños detalles que aunque a veces rutinarios, son tan necesarios. No esperar que la ausencia nos haga valorar la presencia, sino valorarla siempre, eso es cambiar de actitud, de aire. Buscar nuevas propuestas, plantearse nuevos desafíos. Escapar de la rutina, tragarse el orgullo, gritar lo que sentimos. Cambiar un hábito, una actitud, cambiar. Entender que se puede cambiar. Que incluso cuando el viento del norte te sofoca, un viento del sur puede llegar para aliviarte y cambiar el aire. Entender que, aunque cueste, aunque duela, aunque rendirse parezca el camino más fácil, siempre se puede cambiar de aire.

24 de diciembre de 2012

Palabras


Me veo envuelto en una lógica que no es la mía. Cosas que desencuadran, y en otros ámbitos serían totalmente diferentes. Pierdo el equilibrio, pierdo el criterio. Una inestabilidad me deja inseguro y me condiciona a la hora de actuar. 

Pienso pero no digo, y esas palabras calladas son las que me queman por dentro. La ira aumenta a medida que pierdo el control sobre mi mismo. Soy un tanque acumulando agua, que peligrosamente se acerca al desborde. Estigmas de palabras no dichas surgen de la nada. 

Tal vez es hora de un cambio de actitud, de pensar y decir, de sentir y transmitir, de dejar de tragarme esas palabras que quieren salir.

18 de diciembre de 2012

Dispara(me)

En medio de tantas dudas, situaciones violentas me preparan para el enfrentamiento real. No hay nadie que me pueda ayudar en esta lucha contra mi mismo, contra mis recuerdos, contra mis sentimientos. 

Sólo, salgo a caminar por una calle cualquiera cuando a lo lejos te veo. Muchas veces me apuntaron, pero esta vez fue diferente. Tenías la mano levantada, y un arma en ella. Me miraste con enojo e intenté en vano persuadirte para que dejaras de apuntarme, pero no lo logré.
-Pero soy yo, Matias, ¡mirame!
-No me importa.

No me quedaba otra opción más que correr. Y así fue, por lo menos hasta que el gatillo sonó y un estruendo cortó el aire.

Por más extraño que parezca, una sonrisa de satisfacción se dibujó en mi cara.
El encuentro había llegado, al fin.

17 de diciembre de 2012

Sueño


El capítulo se va cerrando y no quiero llegar al final. El vértigo de que no haya nada que detenga mi inercia de seguir. El camino angosto se termina y ahora no hay camino preestablecido. ¿Debo seguir? El horizonte es mío, no hay nada a mi alrededor. Sin embargo tal belleza me hace dudar, en algún momento el día debe terminar, ¿y qué sucederá entonces?. 

Parece que estuviera a la deriva pero no. Sólo y a la vez acompañado, camino hacia la eterna utopía, en busca de un sueño. Un sueño que formaron esos deseos que surgieron de mi interior. Y en este paisaje encantador, dudo por un segundo, ¿no es esto ya un sueño?.

9 de noviembre de 2012

Divididos


Hoy no somos un país, somos equipos de fútbol. Los grises escasean, y lo único que se ve es blanco y negro, sin escalas. Una pelea de sordos que dicen siempre lo mismo, de ambas partes, siendo que ambos quieren lo mismo: un país mejor. Pero la pelea de los poderes fue transmitida a un pueblo que no soporta más, ya no sabe que creer. Y si no sos uno, sos otro, sino, simplemente no sos nadie. La tristeza es inmensa, y más cuando nos damos cuenta que la culpa es nuestra, si, también me incluyo. Es nuestra culpa por no saber escuchar, es nuestra culpa por no saber admitir los errores, es nuestra culpa por ser arrogantes. Pero en especial, es nuestra culpa por no amar. El odio hacia el prójimo nos moviliza, y eso es lo que nos hace perder la humanidad. El desprecio simplemente divide más y más, y hoy no somos más que una población de necios, disfrazados de Nación. Ciegos y sordos consecuencia de un fanatismo insoportable, ya sea por el fanatismo de que todo está bien, como el fanatismo de que todo está mal. Y esto no pasa ahora, esto pasa hace años, por eso Argentina nunca pudo crecer, por eso Argentina teniendo todo lo que tenía y todavía tiene no pudo convertirse en una potencia mundial, en un país industrial, como muchos habían pronosticado. Fue la ambición lo que nos llevó a lo que somos hoy, una sociedad dividida que destruye, no construye. Porque hoy vale más destruir al otro, que construir un vínculo. Vale más putear, que escuchar.

Políticos inútiles, medios amarillistas, y gente que encima los avala. Al fin y al cabo, los políticos pasan, los medios pierden credibilidad, pero lo que siempre queda, es la sociedad. No destruyamos lo único que vale la pena en este mundo de hoy en día donde el odio suena mucho más fuerte que el amor.

Hoy somos extremos, somos gorilas, somos peronistas, somos K, somos anti-K, somos 8N, somos 7D. Somos todo, menos una sociedad.

4 de noviembre de 2012

Pertenecer

Las personas nesecitamos pertenecer. A un grupo, a una sociedad. Sentirnos respaldados, sentirinos aceptados. Somos signos, somos equipos, somos naciones, somos modas, somos marcas, somos gustos. Pero no somos nosotros. Porque ser nosotros implica enfrentarse a uno mismo, y plantearnos quienes somos.Y así vamos, caminando por la vida, pretendiendo ser, sólo por pertenecer. Colgados en ilusiones, en fantasías, en sueños. Porque nuestro temor a la exclusión es mayor que todo, entonces inventamos, mentimos, decimos ser alguien que no somos. Llevamos una máscara.

En el fondo algo inquieta, pero no lo queremos ver. Y lo dejamos ahí, bien oculto. Pero ese algo siempre está. Y cada vez incomoda más, a medida que el tiempo pasa. Porque armamos algo que directamente no existe, que se sostiene en una burda farsa creada por miedo. El miedo se alimenta de más miedo, y crece, y nos consume. Pero al final, cuando ya la mentira sea insostenible, no hay objeto que valga, camiseta que influya, ni pertenencia que ayude, porque es ahí cuando quedamos totalmente expuestos, frente a la dura realidad que no quisimos ver.

Y al final, solo nos queda ser nosotros mismos. Como debió ser desde un principio.

13 de octubre de 2012

Aceptar

Aceptar que la vida duele, que solo con esfuerzo se consiguen las cosas. Aceptar al otro, y a uno mismo. Aceptar los defectos, aceptar las virtudes. Aceptar las decisiones, y aceptar decidir. Aceptar lo que no se tiene, aceptar lo que sí. Aceptar que las cosas no siempre son de nuestro agrado, y que a veces no sale como queremos. Aceptar cuando estamos angustiados, y aceptar cuando estamos felices. Que lo que pasó no volverá, y que lo que pasará nadie lo sabe. Aceptar que algunas cosas son así, y que algunas nunca serán. Que de nada sirve forzar. Aceptar, sobre todo, que algunas cosas no van a cambiar.

Y no, aceptar no significa rendirse, no significa ser débil, significa poder ver la realidad tal cuál es, poder vivir en el presente sin estar sumido en el sueño de un cambio en cosas que escapan de nuestro control. Significa que no va a haber trabas que te impidan ser quién realmente sos.