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21 de marzo de 2015

Frases VII


8 de marzo de 2015

Día de la mujer

Debo admitir que me costó mucho encontrar una imagen que pueda representar esta publicación, no quise caer en el cliché del rosa, no quise caer en el burdo símbolo de la rosa, de la belleza, porque las mujeres son mucho más que eso. Elegí esta imagen porque el contraste generado por la silueta enfrentando al fuego me inspiró. Hace años que las mujeres pelean contra un fuego caprichoso y peligroso que es el machismo, el motor de una sociedad hipócrita. Siempre relegadas, siempre apartadas, cumpliendo funciones por y para el hombre. Aún hoy en día el nivel de machismo es alto y está aceptado, porque como todas las corrientes de pensamiento nunca se destruyen, se transforman. No, la mujer no es débil, no es un objeto que se deba cuidar con extremo cuidado, sino un ser que debe ser respetado enteramente como todo ser humano. Y así lo hacen saber miles de mujeres que día a día luchan por igualdad de condiciones, por que se reconozcan su lugar en la sociedad, que es tan fundamental como el de cualquier hombre. La lucha por la igualdad exige iguales derechos, iguales tratos, igual respeto. "No se le debe pegar a la mujer" ¡no se le debe pegar a nadie! para lograr la igualdad. El feminismo no es en contra del hombre, sino que lo invita a participar activamente para generar que esa igualdad realmente exista, porque en esta lucha la participación del hombre es fundamental. Lo único que nos "separa" es el sexo biológico, sin embargo, la sociedad se encargó de separarnos de mil maneras más con estereotipos que no hacen más que alimentar una rivalidad absurda. Las diferencias son evidentes, si, como lo son entre una persona que vive en China y otra que vive en El Caribe, o la mía con el vecino de la esquina. Porque todos somos diferentes. La igualdad es una lucha (tal vez para muchos una utopía) que no pretende hacernos iguales en el sentido literal de la palabra, sino con iguales derechos.

Hoy es un día para reflexionar, un día para preguntarse qué lugar ocupamos en la sociedad, y qué lugar queremos ocupar. Por eso hoy conmemoro a todas aquellas personas que día a día luchan por un mundo más justo, por esas mujeres que ardieron en los escombros de la fábrica hace más de un siglo y significaron un cambio radical en las leyes laborales, por esas mujeres que forjaron la historia y lo siguen haciendo. Yo, desde mi lugar de hombre, apoyo con convicción todo aquello que las haga más libres. Por eso les digo, ¡no permitan el caballerismo! es la forma justificada que encontró el hombre de que acepten su inexistente inferioridad, ¡luchen! siempre habrá quienes las apoyen en esta lucha, hombres y mujeres, pero por sobre todo, ¡sean libres! que nada ni nadie las ate a ser nada que no quieren ser, y que nadie les haga ocupar lugares que no les corresponden.

No quiero flores, no quiero piropos, no quiero privilegios.
Quiero tu respeto.

3 de marzo de 2015

Frases propias IV


1 de marzo de 2015

Fugaz

Alli estabas con tu cautivadora belleza y tu imponente personalidad. Acaparaste la atención de cada uno de mis sentidos, me hiciste perder la noción del tiempo. Me hiciste danzar de placer al sentir el ligero contacto con tu piel. Tu cuerpo irradiaba un calor único e indescriptible, que me acurrucaba en una paz añorada por tanto tiempo. Tus manos, suaves y muy firmes me acariciaban a la vez que sentía cómo mi voluntad era anulada por el deseo de que ese instante durara para siempre. Me besaste el pecho mientras seguías subiendo, y mi temblar duró unos instantes pues mis nervios se vieron eclipsados por la seguridad que me transmitía estar a tu lado. Tus labios húmedos recorrieron mi cuello hasta que se apoyaron suavemente en los míos. Me besaste como nunca y creí que mi corazón saldría de mi pecho en cualquier momento por la incontenible alegría. Era ese torbellino de sentimientos que me provocó tenerte tan cerca lo que volvió ese instante tan vívido, tan real. Te acostaste y me miraste con esos ojos penetrantes, esa actitud contundente y esa seguridad admirable. Me transmitiste todo eso por ósmosis, como si mi interior no fuera más que un recipiente vacío de sentimientos, esperando a ser llenado por alguien más. Allí me dormí sin pretender nada más. Perdí la consciencia al instante, aunque sospechaba que ya la había perdido varios minutos antes.

Desperté y tu presencia se desvaneció. Corrí desesperado para saber a donde habías ido. Quería saber a toda costa que había sucedido con el responsable de mi éxtasis emocional. Te habias ido, desaparecido, como una ilusión en mi mente, como una estrella fugaz.

Desperté de nuevo pero en una realidad distinta. Mi realidad, donde vos tal vez ni siquiera existías más que en mi construcción ficticia que suponía suplir esa necesidad interna. Aquí estaba, sin embargo, extrañando tu presencia incluso aún sabiendo, muy a mi pesar, de tu inexistencia.

31 de diciembre de 2014

Mi 2014, un año de vorágines

Siento que este año fue simplemente una continuación del anterior (bueno, de hecho lo fue). Un año para finalizar toda esa vorágine de cambios que empezaron en mi. Me permití sentir, nuevamente. Me animé a decir las cosas sin miedo a quedar en ridículo. En pocas palabras, me permití sentirme pelotudo. Porque creo que era la única manera que tenía de aprender: chocarme con los errores, hacer las pendejadas que tenía pendientes, darme las últimas licencias antes de elegir crecer.

Este año aprendí muchísimo a mirar las cosas desde otra perspectiva. Aprendí a ver más allá y más acá también. Fue un año donde mi lucha racional-emocional estuvo presente, como siempre, logrando un caos en mi. Un caos al que cada vez le temí menos. Un caos al que aprendí a querer. En definitiva, una vorágine que me acostumbré a sentir (aunque tal vez un poco tarde). Mis sentimientos afloraron nuevamente y sentí, con intensidad. Sentí y muchísimo, soñé y volé tras los vientos otoñales. Fue un año en el que pensé tantas veces las cosas que simplemente me harté. Quiero explorar nuevas experiencias, quiero darme más libertad, sentir y ser libre, animarme y arriesgarme (por sobre todo). También hubo lugar para la ficción en mi cabeza, desde el punzante recuerdo de un pasado lleno de dolor, pasando por el desencanto de los ideales y la melancolía de la lejanía y las palabras no dichas, hasta las decisiones que tomamos cuando decidimos dejar de sufrir. Pero por sobre todo, este año lo empecé dándome cuenta que a pesar de mi fortaleza, soy frágil.

Pero no tengo miedo. Creo que de a poco logro despegarme de las estructuras, de a poco me estoy dejando ser. Todavía estoy lejos de llegar a la meta pero siento que el cambio ya empezó. Tal vez este 2015 sea la tercera parte de el cambio que empezó hace dos años, y dicen que la tercera es la vencida. 

Quiero agradecerles a todos los que me bancaron este año, a los que leyeron el blog y me aportaron tan lindos comentarios y críticas constructivas. Todo lo que me ayude a crecer será bienvenido :)

¡Les deseo a todos un excelente 2015!

Mati.

26 de diciembre de 2014

Tantas veces


La luz se apagó para mi aquella vez que me dijiste adiós. Tus palabras impactaron en mi pecho y me partieron a la mitad, sin piedad. A pesar del aparente final, no fue más que el principio de la pesadilla: nunca te tuve tan presente como aquellos días después de que te fuiste. Te pensé, te lloré, te soñé, te extrañé. Incluso también te odié. Miles de explicaciones sin sentido invadían mi mente mientras mis inseguridades afloraban nuevamente dejándome desamparado ante una realidad imprevista. Te veía en todos lados incluso cuando no quería verte. No quería pensarte y sin embargo tu caprichosa imagen invadía mi mente. En una montaña rusa emocional me vi obligado a subir mientras intentaba inútilmente olvidarte. No hubo lugar para la consciencia aquella vez que te llamé incontables veces sin lograr ninguna respuesta de tu parte. Siempre fue tan fácil para vos llamarte a silencio, siempre fue tan fácil para vos irte, nuevamente. Pasó el tiempo y con él mis posibilidades frustradas de lograr triunfar en algo. Imposible llegar a algún lado cuando me veía desviado por tal explosión interna que aparecía sin aviso. No había forma de estabilizar mi ser explosivo. No había forma de lograr escapar de todo lo que sentía cuando tu imagen irrumpía mi presente. Ahí estabas, a lo lejos y yo tan indefenso, paralizado y sin poder siquiera interferir en tu aparente nuevo amorío. ¿Por qué me dejaste? ¿por qué me reemplazaste? No era justo. De hecho, nunca lo fuiste. A pesar de todo el daño que me provocaste, yo te amaba. Simplemente enloquecía por vos, me desvanecía de nervios y placer al solo escuchar tu voz. Necesitaba simplemente tenerte. Necesitaba simplemente abrazarte y que me dijeras “todo va a estar bien”. Te necesesitaba, por algún estúpido motivo que no pude entender. Volviste y no me importó ser tu amante con tal de tenerte, y allí estaba sufriendo esa situación que parecía hacerme feliz. Estaba cayéndo en tus manos una vez más, atrapado en tu juego que tanto me lastimaba.

En ese dolor yo encontraba sin embargo, un refugio ficticio pero propio en el cuál escapar y ser lo que quisiera ser. Hasta que entendí que no te necesitaba para ser lo que siempre soñé. De a poco me cansé de verte, de a poco empecé, de forma casi terrorífica, a darme cuenta que no te parecías en nada a aquella imagen que mi mente tenía de vos. No eras, no habías sido y jamás serás aquello que creía con vehemencia; eras simplemente el reflejo del odio que sentía hacia mi mismo. Ese odio que me obligaba a lastimarme. Ese odio que me obligaba a sangrar para calmarme. No eras más que la proyección física de mi neurosis, negadora de esa infancia llena de palabras vacías, huecas pero dolorosas de aquellos que más amé. Era un dolor sincero y profundo que me impedía ver cuánto realmente valía. Tantas veces lloré por vos, tantas veces rogué una vez más sentir tu presencia, tantas veces soñé simplemente con el roce de tu piel y ese perfume que en combinación funcionaban de placebo para calmarme. Tantas veces soñé que volverías a mi diciéndome que aún me amabas, que me cansé de esperar. Simplemente aprendí a seguir, y me desprendí de tu imagen. Decidí que no fueras más mi salvación sino el recuerdo de todo aquello que jamás quería volver a ser. Fue tan fuerte mi decisión, que incluso después de años, cuando volviste inesperadamente y me dijiste, “aún te sigo amando”, mi corazón se mantuvo imperturbable, indicándome fehacientemente, que ya no latía por vos.

24 de octubre de 2014

Lejos

Parado en esta fría noche recuerdo cada instante que vivimos. Qué bien me vendría el calor de aquellos momentos para combatir esta gélida sensación. Mis manos se rehúsan a olvidar la suave textura de tu piel, aquella sensación que, sin embargo, se alejaba cada vez más. Tu figura se desdibujaba ante el intento constante de recordarte. Cada recuerdo parecía cada vez más inverosímil, y dudaba si lo que recordaba eran momentos verdaderos o solo sueños, uno de los tantos que tuve a raiz de tu partida. De hecho, ya casi no podía recordar tu voz. Al día de hoy sigo pensando qué hubiera pasado si hubiera tenido el valor de decirtelo. Incluso ya pasado el tiempo, ¿cómo no tuve el valor de detenerte? Simplemente te dejé ir, demasiado fácil.

Ahora tu ausencia se convirtió en rutina, y por momentos me encuentro llorando en silencio, sin razón aparente. A pesar de los kilómetros que inevitablemente nos separaban, yo sabía que no estabas sólo. Sabía, o creía saber, que eras feliz. Fue esa última sonrisa que me dedicaste en la despedida, creo que en ese momento confirmé cómo odio las despedidas, y cuánto deseé que te quedaras. Nuestros caminos siguieron rumbos distintos y, a pesar de mi desacuerdo con la situación, mi silencio fue cómplice de tu decisión. Nunca quise escupir las palabras con tanta fuerza como lo quiero ahora. A pesar de ello, ya es tarde. No hay más que paredes dispuestas a escucharlas. Había tomado una decisión y debía hacerme cargo de ella, solo. Me pregunté si estarías sintiendo el frío tanto como lo sentía yo, o era la sensación de desamparo la que lo volvía aún más profundo. Me pregunté si, a kilómetros de distancia, estarías junto a alguien no sin poder evitar pensar que me hubiese encantado ser yo quién te abrazara en esta congelada noche.

27 de julio de 2014

Labios encantadores

Fueron, desde el inicio, los que me deslumbraron. Esos labios, recuerdo cuando los vi pronunciar cada palabra de tal manera que encajaban perfectamente, no sólo en la coherencia de la oración, claro, sino en la profundidad de las mismas.  Eran un viaje, guiados por tan funcional parte del cuerpo, perfectamente ubicados. Allí, donde las palabras salían, tajantes, claras, abrumadoras pero siempre precisas. Incluso cuando me besaste sentí que no era un beso, sino un intensa charla silenciosa entre dos seres. Me estabas hablando, sin emitir sonido alguno. Jamás había visto a una persona hacer eso. Tal vez lo imaginaba, tal vez eran simples delirios míos, pero allá estaban cuando te observaba, y eran el centro de la atención. Buscaba siempre en vos tus consejos, porque en ellos se encontraban ubicados tan maravillosamente las palabras exactas, aquellas que no sé cómo, me atravesaban. Tu poder no estaba en tu fuerza, sino en tu cabeza; estaba en tu talento para lograr sacudirme con solo abrir la boca. Ni siquiera necesitabas gritarme. Sabías cuando incluso el silencio era más abrumador que una respuesta. Era, indudablemente, ese talento tuyo que me volvía loco.

Tu voz poseía una personalidad extraordinaria. Cuando cantabas, tu potencial se multiplicaba. Si con hablar me atravesabas, al cantar directamente me derrumbabas, y de placer. Me pregunté de repente la procedencia de la palabra "encantar". Lo primero que se me viene a la cabeza es que hace referencia a algo sobrenatural, o que fue afectado por algún tipo de "magia". Así me sentía yo: cuando me cantabas, me encantabas. Era esa perfecta combinación, entre el silencio y el sonido, que lograban sacarme una sonrisa incluso cuando mis labios no querían dibujarla. Pero los tuyos me contagiaban. 

Aquella magia tan cautivadora era, sin embargo, peligrosamente adictiva. Debí haberlo visto, debí haberlo sabido. Pero no, estaba perdido allí viéndote pronunciar cada sílaba. Fue difícil entender lo egoísta que fui al ver que te quería sólo para mi. Sentía, en cierta manera, que lo merecía por ser capaz de verte, y admirarte. Estaba literalmente encantado, como en el juego de niños, sin poder moverme. Por eso era tan peligroso, por eso era tan necesario que se acabara. En los cuentos de hadas dicen que un beso puede romper un hechizo, sin embargo acá fue el que lo provocó. ¿Funcionaría al revés esta vez?

Bueno, digamos que si, cuando vi tus labios encantando a otra persona, la magia desapareció. En ese preciso momento en que tus labios apoyaron los de tu amante y los vi, escuché un estruendo infernal. Aún hoy, años después, sigo preguntándome si lo que escuché era el encanto rompiéndose, o si era mi corazón cayendo a pedazos.

29 de junio de 2014

Frágil

Creí poder mantener los sentimientos a raya, y, sin embargo, surgieron vertiginosamente para dejar en evidencia mis carencias, aquellas que me vuelven no débil, sino frágil. Porque soy fuerte, imperturbable y firme, hasta que encuentro enfrente mi reflejo y debo, inevitablemente, verme. No es que me duela verlo, sino es que me duele que me cueste tanto lograrlo. De mi complejidad interior a veces simplemente quisiera escapar. Sin embargo, gracias a ella es que soy todo aquello que soy. Intento en vano, ahogar aquellas angustias con un vaso de alcohol que me quema por dentro, casi tanto como las ganas de decir lo que siento. Estoy en llamas cuando no me lo espero. Pareciera que intentara apagar ese fuego con las lágrimas que resbalan por mi mejilla, lágrimas llenas de dudas que intentan escapar. Lágrimas que dejan en evidencia que estoy a punto de caer, y romperme. Lágrimas que son el resultado de una guerra interna, de una dualidad entre la esencia y la herencia.

Sin embargo hasta el último instante, sigo intentando brillar. Como una copa de cristal, con su belleza y firmeza, que con un simple golpe se rompe en mil pedazos. Mi transparencia deja expuesto mi interior, y a veces eso me lastima. Mentir no está en mi naturaleza, y eso me impide incluso mentirme a mi. No puedo ocultar aquello que, inevitablemente, se ve. La sinceridad se vuelve un arma de doble filo que me permite tener la seguridad de que digo la verdad, pero también me hace hablar de más. Sin embargo lo intento y no me quedo inmóvil en una repisa viendo mi vida pasar. A pesar de mis momentos de fragilidad, mis convicciones me mantienen firme. Entonces debo avanzar, como sea, como pueda, pero avanzar. Sin importar los riesgos, tan solo avanzando lograré crecer y entender que aunque mil veces me rompa, otras mil me arreglaré.

20 de mayo de 2014

Estacional

El frío congela las palabras que, débiles, cesan su intento por salir. El silencio es confidente de mis más locos pensamientos. Me reencuentro con un pasado cercano que se siente tan lejano. Aquella imagen que vuelve, es inquietantemente distorsionada a la que tenía en mi mente. Una hoja que cae junto con mis voluntades, y se deja arrastrar por una ráfaga de recuerdos abrumadores. La más mínima caricia eriza mi piel, y no de placer sino de miedo, como si ésta recordara aquella vez que el más leve roce le había generado el más profundo dolor. Ambos cuerpos generaban un calor incompleto, torpe, raro. Un calor que no estaba a la altura siquiera de los vestigios de un pasado ardiente. Sin embargo, una gota de lluvia me libró de esa ráfaga, permitiéndome lograr finalmente tocar el suelo. 

Allí, en la fría tierra, las copiosas gotas me contuvieron. Qué raro era, de repente, encontrar el refugio en la frialdad de la naturaleza. Parecía el cielo estar en sintonía con mi tristeza. En esa conexión, sin embargo, me sentía contenido. A su vez, tras las nubes más oscuras, éstas dejaron escapar un tímido rayo de sol. Era débil, pero constante, y transmitía un calor nuevo, diferente. Las gotas parecían solo haber limpiado mi cara luego de una larga noche de sueños, más bien pesadillas. Aquél rayo me encandilaba de esperanzas a las que inevitablemente temía. Me encontraba muy cómodo en el frío para volver a arriesgarme a la inestabilidad del calor. No sabía, entonces, qué sucedía. Empezaba a entender, sin embargo, que incluso rodeado de una gélida realidad, podía sentir esa calidez que me hacía sonreír. Empecé a entender entonces, tal sombría situación, como una de las más hermosas de todas. Me dejé llevar a pesar de mis miedos, y comprendí que todo había cambiado. Al final, las palabras no se esforzaron por salir, por un simple motivo: no había nada que decir.

19 de abril de 2014

Vorágine

Algo invisible se aferra a mi cuerpo y me arrastra nuevamente hacia todo aquello que me produce temor: el caos. Yo sonrío, por un lado de miedo, por otro de satifacción: si, el caos me sigue asustando, pero no de la misma manera que antes. Te digo a vos, me digo a mi: no soy el mismo. Ya no voy a quedarme a intentar solucionar esta vorágine que se empeña en aparecer, por una simple razón: no tiene solución. Es parte de mi. Es por eso que no puedo despegarme de ella, ni ella de mi. Es por eso que cada vez que creo que es cosa del pasado, se empeña a volver. Es solo una representación personal del reflejo de la vida, llena de tormentas destructivas pero necesarias. Estamos vivos.

No voy a quedarme sentado viendo mi vida pasar. No voy a esperar que la corriente me arrastre. No voy a permitir de nuevo que los miedos me encierren sin dejarme salir, incluso cuando crea que es la única manera, incluso cuando crea que ya no puedo lograrlo. Incluso cuando me deje sin reacción, jamás voy a dejar de intentarlo. Intentar ir en contra de aquello que me hace mal, y en búsqueda de aquello que me hace bien. Correr hasta alcanzarlo. Correr para vivir. Correr para soltar. Correr para ser libre.

Llega un momento en que se debe poner fin a todo, aunque esos momentos no suelen ser muy claros, porque el punto final de nuestros sentimientos lo ponen ellos.
¿Y cuándo sabré que ese punto final está escrito? Me pregunto. Cuando ya no piense en eso, me contesto.

1 de abril de 2014

Racional - Emocional

En mi frialdad me encuentro calculador, intenso pensador analizando cada detalle de la situación. Mil cosas que no entiendo, y otras mil que si pero duelen, por alguna extraña razón. La decisión está tomada hace tiempo y debo sostenerla, ya sé cuáles son sus trucos, ya sé cuáles sus reacciones, y no debo caer ante la tentación de lo irracional, aquél punto inicial donde uno empieza a volar. Debo quedarme con los pies en la tierra, para no sufrir. Debo sostener la decisión apoyada por mis principios, aunque desamparada por mis sentimientos.

Pobres mis palabras que se silencian bajo tu presencia, aquella que nubla cualquiér intento por pensar objetivamente. Sin darme cuenta, ya estoy volando, incapaz de poder transmitir todo lo que tenía pensado decirte. Estoy temblando, sin entender mucho. Me dejo llevar por ese sentimiento que dibuja una sonrisa en mi cara. Todo es felicidad, otra vez. Mis miedos e incertidumbres se borraron tan rápido que perdí la noción del tiempo. Tan rápido incluso, que cayó la noche junto con tu ausencia, al mismo tiempo que volví a la realidad.

Estoy atrapado entre dos partes de mi que están tan empecinadas en liberarme como en dejar hundirme cada vez más en los tentadores lazos del deseo. La batalla ya había comenzado dentro de mi, ambas partes con un mismo objetivo: la felicidad. El problema estaba en que una de ellas prefería la felicidad a corto plazo, tan intensa como irreal, mientras que la otra lo prefería al final, a pesar de lo complicado que fuese en el camino. El objetivo era el mismo, y eso me unía. Los métodos distintos, y eso me partía. Mi lado racional se veía limitado por el emocional que, cuando parecía estar definitivamente callado, surgía para apoderarse de todo.